ALGUNAS CONSIDERACIONES DEL TRABAJO DOCENTE

Thursday, January 18, 2007

EL PROPIO APRENDIZAJE



EL TUTOR
El perfil del tutor debe ser el de un educador muy especial. Porque es un profesional de la educación que no solo debe poseer suficientes conocimientos sobre su especialidad, las características y los servicios que presta la institución, sino también, gran capacidad para identificarse con los objetivos de la educación a distancia.
Los escasos momentos en que tiene contacto personal con los estudiantes debe de aprovecharlos para que haya una comunicación fluida en un ambiente estimulante y de respetuosa orientación sobre los problemas académicos y no académicos que le presentan.
El tutor, como lo expresa su origen etimológico, tutor-tutoris en latín, es la persona a que le confía la tutela de un menor.
En educación a distancia es la persona que guía, anima y motiva a los estudiantes para que tengan éxito en sus estudios.


LA TUTORÍA
Es el momento en que el tutor concretiza la ayuda necesaria, para que el estudiante aproveche, de lo mejor manera que el paquete instructivo que se le ofrece.
Evidentemente, la educación a distancia debe contemplar este tipo de ayuda. La comunicación personal maestro -alumno, aunque sea de manera esporádica cumple un papel fundamental en el proceso educativo de las personas.
La acción presencial aunque es limitada, no debe desaparecer. Porque es el espacio para que los estudiantes satisfagan los vacíos de los materiales de apoyo y de las unidades didácticas.


EDUCACIÓN HUMANISTA
El educador humanista, con horizontes más esperanzadores debe superar la educación “bancaria”, vertical, disfrazada de buenas intenciones pero mantenedora del status quo.
Erick Fromm dice que este tipo de educación desarrolla una actitud necrófila porque ama lo que no crece, lo mecánico, en su lugar propone una que desarrolle la biofilia, es decir que ame la vida con todo su haz de oportunidades. Es “la educación-esperanza” como la soñaron Antonio Gramsci y Roger Garaudy.

“la ética humanística supone que el hombre mismo es quien asume la responsabilidad de determinar lo que es bueno y lo que es bueno y lo que es malo, escoger cual debe ser su conducta y emitir un juicio de valores sobre ella misma”


CONDUCTA AUTÓNOMA
De las personas con criterio bien formado, capaces de tomar las decisiones que consideren más convenientes, decimos que son personas autónomas.
Si observamos la valoración que se hace de esta cualidad, encontramos que la autonomía es uno de los valores más apreciados por la sociedad.
Claro es, para que las personas actúen con ese agrado de independencia y de seguridad en sí mismas, deben poseer ideas claras de su dignidad, en su capacidad y de su libertad y, en consecuencia de la responsabilidad de sus acciones.


CONDUCTA HETERÓNOMA
A quienes se les dificulta tomar decisiones y de quienes decimos que “respiran por nariz ajena”, les consideramos personas sin independencia de criterio. Los psicólogos se refieren a ellos como de conducta heterónoma, porque dependen de otros para actuar. Confían más en el criterio ajeno que en el suyo. No saben administrar su libertad.
Hoy diríamos “tienen baja autoestima”. Los educadores, evidentemente aspiramos a educar personas con criterio bien formado, es decir con autonomía.
La autonomía es una ideal de nuestras vidas. En el logro de esta meta intervienen muchos factores que inciden en el desarrollo de nuestra personalidad.


CONDUCTA PROACTIVA
La proactividad o iniciativa se basa en la libertad interior de elegir que cada persona tiene respecto a la forma de responder a un estímulo o circunstancia, y esta libertad interior de elegir se basa a su vez en nuestra capacidad de autoconciencia, la voluntad independiente, la capacidad de imaginación y la conciencia moral.

Proactividad es tomar la iniciativa y hacernos responsable por nuestras decisiones.
Iniciativa es la predisposición a anticiparse, a ver lo que hay que hacer en el futuro. En términos conductuales desde concretar decisiones tomadas en el pasado hasta la búsqueda de nuevas oportunidades o soluciones de los problemas.
La iniciativa se puede entender como una competencia laboral fundamental hoy en día, y como competencia está compuesta por comportamientos específicos, comportamientos se pueden aprender, practicar, entrenar, desarrollar en definitiva, de modo de instalarlos en nuestro repertorio conductual como un hábito, firme e indestructible al paso del tiempo.
La iniciativa puede ser inexistente o en niveles cercanos a cero en algunas personas, y en otras puede estar en un nivel bastante evolucionado. La iniciativa en su nivel más primario se expresa en abordar oportunidades o problemas en el momento que se presentan con diligencia y prontitud.
En un segundo nivel, la persona es capaz de tomar decisiones en forma rápida y decidida en momentos de crisis, tratando de anticiparse a las situaciones que puedan surgir, tiene distintos enfoque para afrontar una situación problema.


ASERTIVIDAD
La asertividad es una categoría compleja, vinculada con la alta autoestima, que puede aprenderse como parte de un proceso amplio de desarrollo emocional. La define como una forma de expresión consciente, congruente, clara, directa y equilibrada, cuya finalidad es comunicar nuestras ideas y sentimientos o defender nuestros legítimos derechos sin la intención de herir, actuando desde un estado interior de autoconfianza, en lugar de la emocionalidad limitante típica de la ansiedad, la culpa o la rabia. Plantea además, que la asertividad es necesaria y conveniente por los beneficios que genera.
Dicho de otro modo, la asertividad permite actuar, pensar y decir lo que uno cree que es lo más apropiado para sí mismo, defendiendo sus derechos, intereses o necesidades sin agredir a nadie, ni permitir ser agredido. Esto se efectúa sin ansiedad.

La asertividad no es sinónimo de egoísmo ni de terquedad, sino el derecho de expresar la opinión de uno, aunque sea posible que no se tenga razón, y respetando los derechos o puntos de vista de los demás.
La asertividad es una actitud intermedia o neutra entre un comportamiento pasivo o inhibido y otro agresivo al reaccionar con otras personas, que además de reflejarse en el lenguaje hablado se manifiesta en el lenguaje no verbal, como en la postura corporal, en los ademanes o gestos del cuerpo, en la expresión facial, y en la voz. Una persona asertiva suele ser tolerante, acepta los errores, propone soluciones factibles sin ira, se encuentra segura de sí misma y frena pacíficamente a las personas que les atacan verbalmente.
La asertividad impide que seamos manipulados por los demás en cualquier aspecto y es un factor decisivo en la conservación y el aumento de nuestra autoestima, además de valorar y respetar a los demás recíprocamente.
Hay situaciones en la vida donde no se puede ser asertivo como por ejemplo cuando se recibe órdenes de un superior o cuando se es atacado con peligro de muerte

Conductas asertivas
Son el conjunto de formas de aplicar esta técnica, ya que hay muchas formas de aplicarla y para cada interlocutor una puede tener un mejor resultado que otra
Disco rayado
Consiste en la repetición ecuánime de una frase que exprese claramente lo que deseamos de la otra persona. Esta conducta asertiva nos permite insistir en nuestros legítimos deseos sin caer en trampas verbales o artimañas manipuladoras del interlocutor y sin dejarnos desviar del tema que nos importa, hasta lograr nuestro objetivo.
Asertividad positiva
Esta forma de conducta asertiva consiste en expresar auténtico afecto y aprecio por otras personas. La asertividad positiva supone que uno se mantiene atento a lo bueno y valioso que hay en los demás y, habiéndose dado cuenta de ello, la persona asertiva está dispuesta a reconocer generosamente eso bueno y valioso y a comunicarlo de manera verbal o no-verbal.
La aserción negativa
La aserción negativa, por el otro lado es la expresión de acordancia con la crítica sin amainar en las propias reivindicaciones.
Asertividad empática
La asertividad empatica permite entender, comprender y actuar basado en las necesidades de mi interlocutor, de igual manera permite que seamos entendidos y comprendidos.
Asertividad progresiva
Si el otro no responde satisfactoriamente a la asertividad empática y continúa violando nuestros derechos, uno insiste con mayor firmeza y sin agresividad.
Asertividad confrontativa
El comportamiento asertivo confrontativo resulta útil cuando percibimos una aparente contradicción entre las palabras y los hechos de nuestro interlocutor. Entonces se describe lo que el otro dijo que haría y lo que realmente hizo; luego se expresa claramente lo que uno desea. Con serenidad en la voz y en las palabras, sin tono de acusación o de condena, hay que limitarse a indagar, a preguntar, y luego expresarse directamente un deseo legítimo.


Derechos asertivos
Las situaciones que expresan la asertividad de las personas son:
-Derecho a ser tratado con respeto y dignidad.
-Derecho a equivocarse y a ser uno responsable de sus propios errores.
-Derecho a tener los propios valores y opiniones.
-Derecho a tener las propias necesidades y que éstas sean tan importantes como las de los demás.
-Derecho a ser uno el único juez de sí mismo, a experimentar y a expresar los propios sentimientos.
-Derecho a cambiar de opinión, idea o línea de acción.
-Derecho a protestar cuando se es tratado de una manera injusta.
-Derecho a cambiar lo que no nos es satisfactorio.
-Derecho a detenerse y pensar antes de actuar.
-Derecho a pedir lo que se quiere.
-Derecho a ser independiente.
-Derecho a decidir qué hacer con el propio cuerpo y con el propio tiempo y las propias propiedades.
-Derecho a hacer menos de lo que humanamente se es capaz de hacer.
-Derecho a ignorar los consejos de los demás.
-Derecho a rechazar peticiones sin sentirse culpable o egoísta.
-Derecho a estar solo aún cuando deseen la compañía de uno.
-Derecho a no justificarse ante los demás.
-Derecho a decidir si uno quiere o no responsabilizarse de los problemas de otros.
-Derecho a no anticiparse a las necesidades y deseos de los demás.
-Derecho a no estar pendiente de la buena voluntad de los demás.
-Derecho a elegir entre responder o no hacerlo.
-Derecho a hacer cualquier cosa mientras no se violen los derechos de otra persona.
-Derecho a sentir y expresar el dolor.
-Derecho a hablar sobre un problema con la persona implicada y en los casos límites en los que los derechos de cada uno no están del todo claro, llegar a un compromiso viable.
-Derecho a escoger no comportarse de una forma asertiva.


BIBLIOGRAFÍA
Manuel J. Smith: Cuando digo no, me siento culpable, Nuevas ediciones de bolsillo, 2003.
Beverly Hare; “Sea Asertivo”; Ediciones Gestión 2000; ISBN: 8480888679
Bunge, Mario, La ciencia su Método y su Filosofía. Ediciones S. XX, Buenos Aires, 1979.
Carretero, Mario, Constructivismo y Educación Editorial Luis Vives, Zaragoza España, 1993.
Dobles, Cecilia y otros, Investigación en Educación. Ed. EUNED. San José, Costa Rica 1996.
ENLACES EXTERNOS
http://www.laexcelencia.com
Psicología Online: ¿Qué es la asertividad?
http://es.wikipedia.org/wiki/Asertividad
http://www.uned.ac.cr/biblioteca/global/politica/nacional/articulo/alumno.html

Saturday, December 30, 2006

¿PARA QUE SIRVE LA POESÍA EN SOCIEDADES COMO LA NUESTRA?

El camino más corto para llegar al alma de un pueblo era ser incluido en los textos escolares, esos multifacéticos libros que se emplean como apoyo a determinadas materias de estudio y que se reciclan en la memoria de los pueblos. Por este camino el poeta aseguraría su instalación junto al proceso de crecimiento, desde sus primeros pasos en la lectura, del ciudadano modelo. Pero el texto escolar no es un inocente libro portador de la cultura nacional, sino que, como el “Libro de Clases”, ese otro instrumento que emplean los profesores para llevar el registro de sus alumnos: asistencia, calificaciones o disciplina, el texto escolar, con el poema en su interior, es también un instrumento de control desde donde se nos enseña qué lectura debemos o no cultivar. Nada de sexo, nada de revoluciones que terminen con los atropellos y la explotación, nada de indisciplina. Si a esto sumamos el “Libro de Catecismo”, con sus oraciones poéticas, tenemos el panorama más espeluznante de nuestras primeras lecturas, de nuestros primeros pasos en el mundo de las letras. El Silabario, el Catecismo y el Libro de Clases son tres expresiones de lo peligroso que puede resultar el discurso absolutista acerca de las posibilidades pedagógicas de un poema. Esta sería nuestra primera certeza: lo dificultoso que puede llegar a ser la instalación del libro como objeto sacrosanto.

En tanto el poema es obra de una cultura, creo que antes de llegar a la Pedagogía en este asunto, se hace necesario volver los ojos a una Antropología del Poema, una antropología que de cuenta de los pormenores de la instalación de este artículo, una antropología que acoja la vitalidad y vigencia cultural de la poesía y el poeta, cuestión nada de fácil ya que este camino nos lleva al resbaladizo ámbito de las utilidades de las cosas y eso, justamente eso, es lo que cada día más se niega cuando se habla de poesía. ¿Qué rol cumple en el tejido cultural, el poema, el poeta y la poesía? Dicho en otros términos, ¿para que sirve la poesía en sociedades como la nuestra? ¿Para qué levantar banderas defendiendo una cultura que en sus bases podemos oler la explotación y el engaño?

Para un poeta es difícil hablar de otros poetas y de cómo debía enseñarse la lectura de esa poesía. A pesar de la pésima fama que los poetas podemos tener respecto a las relaciones sociales con nuestros iguales, debemos reconocer que en esto de acercarnos a la lectura de uno de ellos estamos acercándonos a la comunidad toda de la poesía, una comunidad fraccionada pero a la vez de una sólida unidad, que se lamenta, de tanto en tanto, por agresiones venidas de los cinco puntos cardinales. Una comunidad que habla desde una concepción de cultura que niega la pertenencia con otros sujetos sociales incapaces de entenderla, haciendo de ella un elemento higienizado de cotidianidad.
Con una precisión temporal que a veces se sospecha calculada, artistas y entusiastas personas calificadas como cultas, se sienten en la obligación histórica de levantar la voz y sumarse a la más antigua, remozada y nunca abandonada campaña de “salvar la cultura”. Cultura que acosada por nefastos entusiasmos busca justificar la represión, la desaparición de personas o simplemente el asesinato, enarbolando discursos golpistas de “proteger la democracia y los valores culturales del país”. Entonces, ¿de parte de quién está la cultura cuando se busca reinstalar el anuncio de que está siendo atacada? ¿Está de parte de los buenos o de los malos?
Acostumbrados a morir sin siquiera se nos pregunte el nombre, con la certeza absoluta de que los estamentos económicos que sostienen esta sociedad no son más sólidos que Dios, con los sueños de otrora cuestionados y un puñado de utopías en la mano, al borde del abismo ecológico, detenidos en el límite de la degradación, en fin, comenzando un nuevo milenio (con sus propio sustrato de terror), esta cultura nos vuelve a vestir el traje de espectador, de público, de agnóstico, para observar por televisión la muerte de miles de personas, la invasión de un país, el deplorable juicio a ex-dirigentes comunistas o simplemente la detención de jóvenes acusados de delincuentes.

Digámoslo en otras palabras: esa “incultura” que atacamos es justamente uno de los primeros soporte de nuestra cultura y el show que se nos ofrece como “fiesta de la cultura”, no es otra cosa que una expresión de ese entramado multiforme que nos contiene agregando identidad y odiosidad como “el pan nuestro de cada día”. Compartimos una sociedad que se expresa en su particular cultura, que va cobrando forma y fuerza a partir de las relaciones económicas, de la formación política, de las fuerzas militares, estéticas, ideológicas y pedagógicas. Nos acecha la cultura por cada rincón y negarle, referirla con liviandad, entregarle su administración a ciertos elegidos, calificarle como un valor, bueno, seguir entendiéndola como un par de payasos dando saltos sobre unos zancos, es simplemente no valernos de nada a la hora de nuestro propio reconocimiento como sujetos y actores.

En este camino, es bueno recordar que el agredido es el ser humano y la agresión no es más que una expresión de nuestra cultura capitalista. Puedo entender a quienes llaman a “defender la cultura”, pero a la vez no puedo más que preguntarles ¿qué vamos a defender? ¿Protegeremos el libro como un absoluto, más allá incluso de los contenidos o mentiras que contenga? Un escritor chileno saltó a la palestra de este debate afirmando que la calidad de un libro está determinado por el mercado, saltaron puristas voces a desmentirle y hacer de él un objeto de todo tipo de acusaciones. En otro momento, otro escritor levantó su voz para protestar por las atrocidades que se enseñaban como verdad en el plan educativo, expresado esto en el contenido de los textos escolares. Por el camino que sea, se acepta que el libro es un objeto cultural y como tal es cuestionable en su defensa, sea porque posee más que valor de uso, sea porque su contenido no responde a discursos aceptados como positivos. Los escritores citados, el primero discrimina ciertos libros por su instalación económica y el segundo por su contenido ideológico. A pesar de las críticas que estos amigos recibieron, creo que ambos ven el libro como expresión de los tiempos que le toca vivir y no como el sacrosanto absoluto que a veces se pretende. En definitiva, sea por la mirada que sea, el objeto de arte está tensado por las solicitudes que el momento histórico le imprime y cuando somos convocados a “defender la cultura” estamos pecando de esa dulce ingenuidad que nos hace ver nuestras esperanzas más que la realidad.

En este escenario, es claro que la cancha no la traza el escritor, ni el profesor, ni el estudiante, ni menos el lector desatendido de todo que no sea el objeto-libro que lleva en sus manos. Al Mercado se le acusa de regular un espacio que debía ser de libre circulación, pero ¿no es este el sustrato ideológico de las políticas neoliberales instaladas por las dictaduras militares? La circulación de libros, ni duda cabe, responde a una de las muchas respuestas que damos a necesidades propias de quienes sabemos leer, cuestión que ya podemos calificar como segregacionista y esto es parte del entramado cultural de que participamos.

Para los papúe que investigara Bronislaw Malinowski, o los bororo desde donde conociéramos al estimado Claude Lévi-Strauss, este tipo de preguntas no existían y si alguna vez se las hicieron fue justamente con posterioridad a la visita del etnógrafo. Estos cuestionamientos son propias de sociedades complejas y atoradas en la confrontación y es donde vivimos y damos forma colectiva a un perfecto sistema cultural que se va reproduciendo y adecuando a los requerimientos de cada época, pero además construimos los instrumentos para hacer de este constructo, más que un ámbito de vida, un objeto de estudio. Establecimos un sistema que ha reinstalado como religión el uso de las cosas, despreciando la relación cara-a-cara. Un sistema que se nutre e integra a los ciudadanos por medio del endeudamiento económico individual y colectivo.

Así vistas las cosas, lo que está en peligro no es “la cultura” sino la posibilidad de seguir habitando este planeta, la alternativa de movilizarnos tras motivaciones colectivas que nos vuelvan a unificar como cuerpo social. Y si aceptamos que en verdad al llamar a esta defensa de la Cultura estamos hablando de expresiones muy locales del arte, creo que el peligro está en la desaparición física del poeta y no del poema. Cada vez más encerrado en un grupo de referencia casi hermético, sectario y excluyente, el poeta ha ido perdiendo contacto con el resto de habitantes de su cultura, lo que tensa aún más los disímiles entramados sociales que le contiene, enfrentándose cada día más a la disyuntiva de reemplazar el verso por la encendida prosa de resistencia o quedar agazapado en la nausea de la sobrevida. Como cualquier habitante de la tierra, ya que muy pocas cosas le hacen diferente, el poeta se debate entre una pedagogía de aula y una de la calle. Si en algún momento se ve tensionado por el Mercado, cabe despejar lo que puede significar tamaño atentado. Digamos entonces que tras esa obra de arte que propone, se esconde (la mayoría de las veces no muy bien) un ser humano cargado de inseguridades y de cierta sensibilidad que le lleva a desarrollar una interpretación fina, profunda, densa, del entorno que le toca vivir.

El poema es posterior al poeta, y éste lo es de su propio espacio de trabajo. El pintor se sumerge en un presente que se desvanece independientemente de él y es su propia obra un registro de ese momento, un registro entre muchos otros. Esto parece ser la propuesta más asible de una defensa de la poesía y de la cultura; buscar la instancia donde el ser humano se despliega como viento en una pradera, pareciera interpretarme a la hora de buscar una pedagogía del poema, pero una pedagogía sustentada en una antropología que nos explique el poema en un entorno muy definido. La diferencia entre esa pedagogía y la que hace del poema un fetiche está en la antropología que hace del ser humano un poema, un poema que se despliega en la confrontación y en el respeto de las manifestaciones culturales que en cada rincón aparecen. Para una viuda es diferente su futuro inmediato si vive en una cultura donde es valor positivo que se case con el hermano del difunto, a si sus parámetros culturales le obligan a guardar un “celoso duelo”.

Volvamos entonces al comienzo de todo esto. ¿Queremos verdaderamente salvar una cultura que se sostiene sobre el terror, la persecución, el despotismo, la discriminación? Si es al Arte lo que pretendemos salvar, creo que debemos perder cuidado, que él sabe defenderse y acomodarse a los giros de la historia. El que corre peligro de extinción es el ser humano.

Tuesday, December 19, 2006

LA POESÍA EN EL AULA


Hacer un libro, escribir un libro de autoría colectiva en el aula es una experiencia muy gratificante. Pero para que la sugerencia de escribir poesía tenga final feliz u ofrezca resultados de interés, debe contar con el apoyo del maestro o la maestra, quien debe sugerir fórmulas creativas que faciliten al niño o niña la escritura. También es conveniente, como ocurrió en este caso, presentar, hojear o leer libros que se pueden encontrar en la biblioteca escolar sobre la temática que queremos abordar.

Estrategias de escritura y resultados

En el caso que nos ocupa, preparamos seis sugerencias de escritura para ser desarrolladas de manera individual, aunque luego algunas se sumaron a otras para obtener hermosos resultados colectivos. Brevemente, describo cómo lo fuimos haciendo y añado ejemplificaciones de cómo fue quedando el libro:

1.- Utilizando el comienzo de una canción popular infantil: "quisiera ser tan alta como la luna…". Escribí los cinco primeros versos de un poema interminable para abrirles un camino y para que cada cual continuase el poema iniciado.

Este fue uno de los resultados:


Quisiera ser tan alta como la luna
para asomarme al mundo entero.
Quisiera ser tan blanca como la luna
para hacerme invisible entre tus dedos.
Quisiera ser tan redonda como la luna
para rodar y rodar por el cielo.
Quisiera ser tan bonita como la luna
para reflejarme en un espejo.
Quisiera ser tan brillante como la luna
para alumbrar en tus sueños.
Quisiera ser tan valiente como la luna
para no tener nunca miedo.
Quisiera ser tan amable como la luna
para que me den muchos caramelos.
Quisiera ser tan juguetona como la luna
para correr y saltar por todo el universo.
Quisiera ser tan grande como la luna
para jugar con niñas y niños del mundo entero.
Quisiera ser tan poeta como la luna
para escribirte a ti muchos versos.

(Poema colectivo)
2.- Animando a escribir frases con iniciales únicas. Como luna comienza por "L", todas las palabras de cada frase debían comenzar por esa consonante:

La leona Luisa lee libros.
• Lola limpia la litera.
• Luís lleva libélulas lilas
• Los leones leen libros largos
• Lelia lee los libros: La luna lunita, la luna lunera,...
• La luna, la leona, la lagartija leen libros.
• La luna lee libros llamados: los lobos, los linces, los leones...
• Luís limpia los lunes la lámpara.
• Los lobos llevaban larga la lengua.


3.- Utilizando la expresión LA LUNA como un acróstico desde el que construir frases relacionadas con el satélite terrestre:

La luna es redonda como una moneda.
Ayer era entera, ¡qué grande que era!
Luna, ¡qué brillante eres!, como una pulsera.
Un redondo brilla en el cielo nocturno.
Nunca jamás habrá uno tan grande.
Adiós, dice la luna cuando sale el sol.

(Nancy)

La luna empezó
A jugar en el cielo.
Luego se escondió entre
Unos arbustos, de
Noche, y quiso jugar
Al escondite.

(Hugo)

4.- En oposición a la anterior propuesta, ahora se invitaba a chicos y chicas a escribir seis versos/frases de manera que pudiese leerse verticalmente, la expresión LA LUNA, con las letras finales de los versos (algo más complicada que la propuesta anterior, pero bien resuelta):

A la luna no le gusta el soL
La luna odia mucho al díA
La luna nos ha ayudado a hacer un muraL
La luna brilla en MalibU
En la luna hay un terrible volcáN
La luna se refleja al lado de la ventanA.

(Daniel)

5.- Tras hacer una relación colectiva, como material preparatorio, de unas cuantas palabras que riman con luna: cuna, tuna, suma, Cataluña, aceituna... se invitaba a chicos y chicas a continuar una estructura ya iniciada:

Si yo fuera luna,
Iluminaría a los niños en su cuna.
Si yo fuera luna,
bailaría con la tuna.
Si yo fuera luna
tendría la mirada gatuna.
Si yo fuera luna,
viajaría hasta Cataluña.
Si yo fuera luna
me comería una aceituna.
Si yo fuera luna
los niños y niñas no harían sumas.


6.- Por último, se ofrecía una nueva fórmula iniciada para alargarla convenientemente con nuevos versos. Esta propuesta produjo también sugerentes resultados:

Te reflejas, luna, en el río
haga calor o haga frío.
Te reflejas, luna, en el mar,
con azúcar o con sal.
Te reflejas, luna, en el lago
mientras me despierto y me lavo.
Te reflejas, luna, en el agua
cuando salgo con paraguas.
Te reflejas, luna, en el espejo
cuando yo me corto el pelo.
Te reflejas, luna, en la charca
mientras las ranas juegan y saltan.
Te reflejas, luna, en la laguna
sea de Aragón o de Cataluña.
Te reflejas, luna, en los ojos
de panteras negras y de blancos osos.







Wednesday, December 13, 2006

DIBUJOS PARA COLOREAR

Sunday, November 12, 2006

ROL DEL DOCENTE

CIERREN LOS OJOS Y EN UNA MIRADA INTROSPECTIVA RECUPEREN DE SUS MEMORIAS A LOS DOCENTES Y LAS CARACTERÍSTICAS QUE MÁS APRECIARON DE ELLOS


A partir del debate grupal el autor reflexiona sobre el rol docente, desde una perspectiva metateórica, es decir, trata de elaborar modelos teóricos que permitan esclarecer los fundamentos conceptuales del rol. Aplica múltiples puntos de vistas conceptuales sobre la problemática del rol docente: psicológicos, psicoanalíticos, psicosociales, epistemológicos, semánticos, etimológicos. A lo largo del artículo el autor sostiene una serie de articulaciones conceptuales que a modo de hipótesis intentan explicar: reflexión solitaria de la práctica docente; conciencia en sí y para sí del docente; metaconocimiento y el metaaprendizaje, y autoevaluación y metaaprendizaje en las instituciones educativas; rol y co-rol; tres tiempos del rol y co-rol; modelo de identificación y transferencia; modelo subjetivo y objetivo de docente; modelo de transmisión comunicacional; docente simbólico, imaginario y real;, y por último, etimologías de “magister” y “docere”.

Reflexiones sobre el Rol Docente
El Rol docente, precisamente, brinda un espacio para la reflexión sobre la práctica docente, sobre la propia actividad que realizan los alumnos del módulo. Nuestra actividad es profundamente social, su ejercicio es eminentemente grupal. Aún cuando la docencia se realice en un “grupo” de un solo alumno, pues siempre estará presente el otro generalizado. Uno solo, el Otro, es siempre un conjunto de relaciones sociales interiorizadas. El individuo es un momento de la historia social. Lo singular es la expresión concreta de lo particular y de lo general. Si bien el trabajo del docente es con los alumnos, cuando piensa su rol está solo. Cuando reflexiona sobre su quehacer se encuentra solo con sus angustias, inseguridades, desorientaciones, carencias y falencias. Este sentimiento de soledad que frecuentemente nos habita junto a nuestros pensamientos no necesariamente es contenido en las reuniones de cátedra. Generalmente, si bien estas son lugares de encuentro de grupo de docentes vinculados entre sí por revistar en una misma disciplina académica, son más bien instancias de planificación y coordinación administrativa y de contenidos. En la mayoría de los casos, estos grupos de trabajo no llegan a transformarse en grupos de reflexión. Cuando esta sí se logra, se comienza a recorrer otro tipo de trayecto que se vincula con los caminos metateóricos. Se deja de trabajar la actividad de la cátedra –o se continúa en otro plano- y se comienza a trabajar el rol docente. Es decir, se avanza hacia los niveles de los fundamentos, los determinantes, el sentido, o la finalidad del rol docente.

Conciencia en sí y para sí
Todos los docentes somos concientes de nuestra acción. Este es un estado de conciencia espontánea (conciencia en sí), una conciencia empírica, una toma de conciencia de lo que ocurre en el plano de los hechos docentes (plano empírico). Se es conciente de los actos y de sus resultados inmediatos pero no de las condiciones de producción de los mismos y de los efectos mediatos. Para acceder a estos y a aquellas es necesario producir una autoduplicación de la conciencia, una especie de desdoblamiento de la misma. La conciencia se toma a sí misma como objeto. Es decir, el sujeto pasa o se eleva a un estadio de conciencia crítica, y desde determinadas categorías conceptuales analiza su propia acción. Se piensa a sí mismo no desde la conciencia empírica sino desde la conciencia teórica (plano teórico). La reflexión sobre sí mismo desde este lugar produce nuevo conocimiento, que no es el de conocer lo que se hizo sino saber por qué y para qué se lo hizo. Es decir, ser concientes de las condiciones de producción y de los efectos sociales del desempeño de nuestro rol docente. Para acceder a este pináculo de la conciencia humana se requiere, entre otras condiciones, disponer de un espacio y de un tiempo dedicado a esta reflexión grupal que permita producir colectivamente un nuevo conocimiento sobre nosotros mismos. Entonces, y recién entonces, hemos pasado de la conciencia en sí a la conciencia para sí. Al acceder a ésta hemos hecho conciente las determinantes subyacentes, desconocidas, ignoradas, inconscientes de nuestros actos. Hemos roto ciertos vínculos de sujeción a un no saber y hemos pasado a un grado superior de saber, es decir, de libertad.

Metaconocimiento y Metaaprendizaje
El metaconocimiento se refiere al proceso del conocimiento relativo a la naturaleza misma del conocimiento y del proceso de conocer. Del mismo modo, la metaciencia se refiere, por un lado, al estudio de cómo se produce nuevo conocimiento en las ciencias; y por otro, al “examen de la estructura y función de la ciencia”. La reflexión metacognitiva es una reflexión sobre la estructura y el proceso de producción del conocimiento. Joseph D. Novak y Bob Gowin (1984) introdujeron el concepto de aprender a aprender. A esta operación metacognitiva sobre el aprendizaje, la denominaron metaaprendizaje. Es decir, “El aprender sobre la naturaleza y la estructura del conocimiento ayuda a los estudiantes a entender cómo se aprende, y el conocimiento sobre el aprendizaje nos sirve para mostrarles cómo construyen el nuevo conocimiento los seres humanos”. Quizás por extensión de los conceptos metafísica: “las cosas que están por detrás de las cosas físicas” y metalenguaje: “el lenguaje en el cual se habla de un lenguaje-objeto” se pueda entender el metaaprendizaje, en una doble acepción, por un lado:
- Cuando el aprendizaje es tomado como objeto (A1: Aprendizaje-Objeto) con la finalidad de conocer el proceso del aprendizaje, es decir, formular una teoría del aprendizaje; y por otro lado,
- Cuando el aprendizaje se refiere al conocimiento de la organización, estructura y actitudes hacia el contenido aprendido (A2: Metaaprendizaje). Es decir, A2, sería el aprendizaje del aprendizaje. El aprendizaje es un proceso de desarrollo de estructuras significativas, en este sentido conocer puede ser definido como comprensión del significado. Es decir, dar sentido a representaciones, conceptos y proposiciones. Construir el significado, será otorgarle sentido al nuevo concepto de acuerdo a las ideas previas. El aprendizaje implica cambios perdurables en la estructura cognitiva del aprendiz. Los nuevos conceptos interiorizados, nuevas estructuras mentales, nuevas actitudes son desarrollados por la asimilación, reflexión e interiorización. “Existe, pues, un proceso reflexivo, ya que se trata de una incorporación conciente y responsable de los hechos, conceptos, situaciones y experiencias….Por tanto, se trata de un aprendizaje para desarrollar la actitud crítica y la capacidad de toma de decisiones. Estas dos características definen el proceso de aprender a aprender”. Podemos pensar que si bien una institución de educación superior tiene por especificidad la enseñanza universitaria, ello no implica que la institución propiamente dicha no pueda aprender, en tanto se coloque en la posición de sujeto de aprendizaje. Desde un enfoque tradicional o Standard, los procesos áulicos e institucionales de una entidad educativa consisten en que:
-los docentes enseñan a los alumnos, y
-los aprendices aprenden de los docentes.
Pero si reenfocamos estas relaciones desde la conceptualización del aprendizaje significativo podemos reformular las anteriores aseveraciones:
los docentes enseñan con los alumnos, desde sus conocimientos previos (estructura cognitiva); y
los aprendices aprenden con los docentes, con materiales didácticos significativos (lógica, psicológica y socialmente).
El alumno, el docente, el grupo áulico de aprendizaje y las autoridades de la institución educativa superior metaaprenden, si, y solo sí, se dan dos condiciones en la cultura organizacional:
a. Se crea un clima educativo de diálogo social, participación democrática y una instancia institucionalizada del grupo de reflexión sobre la propia acción del sujeto individual, el sujeto grupal o el sujeto organizacional.
b. Se desarrolla, en los diferentes niveles del sujeto de aprendizaje, una actitud de compromiso y cooperación en torno a una actividad crítico-reflexiva sobre el propio quehacer, con la finalidad de aprender a aprender.
De este modo, una institución de educación superior deja de ser solamente una entidad prestadora de servicios educativos, y se transforma en una institución que está aprendiendo a aprender.

Metaaprendizaje y Autoevaluación
En los procesos de autoevaluación de las instituciones educativas están presentes las siguientes funciones:
Medir el grado de cumplimientos de las misiones y alcance de los objetivos de la institución universitaria.
Evaluar los niveles de satisfacción del usuario del servicio educativo y el grado de calidad de la prestación brindada. Aunque son actividades complementarias, existe una diferencia conceptual importante entre autoevaluación y metaaprendizaje. La autoevaluación hace referencia a un proceso valorativo a partir de indicadores cuali-cuantitativos- de los resultados y desempeño institucional comparándolo con ciertos parámetros y estándares, con una finalidad específica: la acreditación o la categorización ante agencias externas de evaluación; y en última instancia, para auditar internamente el planeamiento estratégico de la institución educativa.

El metaaprendizaje no es un proceso de producción de información para la gestión educativa, es un proceso educativo que involucra a todos los actores de la comunidad educativa como sujetos de aprendizaje (individuo, grupo o institución), con la finalidad de asimilar de modo significativo el nuevo conocimiento adquirido sobre la propia institución educativa. La autoevaluación es un proceso administrativo, mientras que el metaaprendizaje es un proceso cognitivo, específicamente, meta-cognitivo. Las teorías de Ausubel, Novak y Gowin forman un cuerpo teórico coherente sobre aprendizaje y enseñanza que pueden ser extendidas al aprendizaje de las organizaciones como sujetos de aprendizaje. Estas concepciones proveen los fundamentos teóricos de las herramientas para aprender acerca del aprendizaje y para aprender acerca de la construcción del conocimiento. Dichas herramientas metacognitivas son los mapas conceptuales y los diagramas epistemológicos V o diagramas heurísticos UVE (Novak y Gowin, 1984). Los primeros son para lograr que se capten los significados de los materiales a aprender, y los segundos son para profundizar en la estructura y el significado del conocimiento que se trata de entender. El aprendizaje significativo es intrínsecamente participativo, pues reúne dos características definitorias:
a) El compromiso, “…entendido como responsabilidad con el propio trabajo…” , como el vínculo responsable con la tarea, con el grupo y con la institución educativa, en la que está implicado y donde realiza la tarea como alumno, docente, no docente, o funcionario.
b) La cooperación, “…que incide en el proceso social del aprendizaje…” , e implica un sentimiento solidario y de ayuda hacia el otro. Los sentimientos son recíprocos y son los que constituyen la red afectiva del entramado social.

El afecto y la representación
Volviendo al análisis de la experiencia referida en el inicio del artículo. En el espacio áulico, la reflexión común, la reflexión grupal, va realizando un proceso de rememoración, reconocimiento y elaboración de los contenidos afectivos y representacionales de los recuerdos evocados. Al trabajar grupalmente el rol docente se va produciendo un proceso de elaboración. Este es un trabajo que consiste en integrar afectos y representaciones de los recuerdos y establecer entre ellos conexiones asociativas, ligazones entre contenidos y sentimientos concomitantes. Podemos decir que el mecanismo de elaboración del afecto y la representación permite que el sujeto ingrese a un proceso de concienciación y del cual egresa como un sujeto totalizado e integrado con sus experiencias (afectivas y cognitivas), con mayor conciencia de su misión y función, con mayor conciencia de su responsabilidad ética y social.

El Rol y el co-rol
Reflexionar sobre el rol docente presupone plantearse si dicho concepto puede ser pensado como una mónada, o como una díada. Si lo pensamos como una mónada, lo debemos considerar como la primera unidad, es decir el fundamento de toda unidad, el docente como el término principal de la actividad educativa. El docente sería una entidad y tendría una identidad que se definiría por sí misma. El docente sería lo primario y el alumno lo derivado.
Si lo pensamos como una díada, lo debemos considerar como una unidad que contiene una dupla. O bien, una unidad de contrarios. Es decir, opuestos que se mantiene unidos por una relación contradictoria. Y es esa relación opositiva la que los define en sus respectivas identidades.
Adherimos a esta posición. Una discusión más amplia se inscribe en la dialéctica de la relación de objeto.
El rol y el co-rol se implican recíprocamente. Uno no puede existir sin el otro. Pero para alejarnos de una visión positivista de esta relación, en la vinculación del rol con su co-rol, no necesariamente la presencia de uno implica la co-presencia del otro. Esta relación no necesariamente supone una relación interpersonal de facto, no se trata de una coexistencia de cuerpos en el espacio. Pueden darse entre ambos términos relaciones simbólicas, relaciones virtuales y hasta relaciones imaginarias. La práctica del autoaprendizaje implica que nos podemos tomar como objeto de aprendizaje siendo sujeto de la enseñanza. Es decir, como tenemos internalizado el ejercicio de ambos roles, podemos ser dirigentes y dirigidos, ser docente y alumno de uno mismo. El rol docente, entonces, presupone, su co-rol: el rol de alumno. El rol de alumno, implica, en consecuencia, su co-rol: el rol docente. Y tratando de superar una comprensión mecanicista y empirista de esta relación, debemos pensar en la génesis del rol y del co-rol.
Para poder ejercer el rol docente se debió haber sido primero alumno: el mítico primer día de clase. Y para poder actuar en el rol de alumno se debió haber tenido una primera docente: la mítica maestra de primer grado. Claro está, que el tiempo psicológico no necesariamente se corresponden con el tiempo cronológico: el acontecimiento es “primero” en el recuerdo aunque no se corresponda cronológicamente con lo primero en el tiempo (puede ser el nivel “primario”, “secundario”, o “universitario”). Si es primero es primero en la significación subjetiva.
Ambos acontecimientos reconstruidos por nuestro recuerdo constituyen en el plano imaginario, las escenas primarias del rol docente y del rol alumno. Dichas matrices de vínculos primarios marcan de modo indeleble las huellas mnémicas de los modelos de relacionamiento en el proceso educativo. Es desde este lugar imaginario que nos determina, desde el pasado, nuestro actuar en el presente. Y al mismo tiempo, desde la actualidad se resignifica el recuerdo del primer vínculo.
A lo largo de la vida como educadores y como educandos fuimos ocupando sucesiva o alternativamente uno y otro rol, lo que nos habilita a plantear la cuestión de los tiempos subjetivos del rol docente y del rol alumno.

Los tres tiempos del rol docente
La actualidad, la coyuntura actual, es la forma de existencia de lo concreto. Es desde el presente, percibido como conciencia vigil que articulamos el pasado y el futuro. En este relacionamiento de las dimensiones del tiempo se sintetizan en la actualidad el alumno que uno fue, el que es y el que quisiera ser, y al mismo tiempo, se entrelazan con el docente que uno fue, el que es y el que quisiera ser. Podemos visualizar estos tres planos del tiempo anudados con los dos roles de docente y alumno, en el siguiente doble anillo. Se puede plantear que este esquema representa el devenir del rol y el co-rol. Es el devenir de lo que fue, es y será; la historia del docente-alumno (lo que uno fue) se actualiza en el presente (lo que uno es) y se proyecta en el provenir (lo que uno quisiera ser)

Modelo de identificación y transferencia
En el interior de este peculiar vínculo docente-alumno circulan complejos fenómenos psicosociales: procesos afectivos, cognitivos, comunicacionales, axiológico-normativos, sociales, institucionales, educacionales, etc.
Uno de ellos, los procesos afectivos de la díada docente-alumno, adquieren particular relevancia pues constituyen el sostén de la relación y fundamento de la construcción de la personalidad del alumno (y del docente). Nos estamos refiriendo a los mecanismos de identificación, proyección e idealización. La identificación es un “proceso psicológico mediante el cual un sujeto asimila un aspecto, una propiedad, un atributo de otro y se transforma total o parcialmente, sobre el modelo de éste. La personalidad se constituye y se diferencia mediante una serie de identificaciones”. En este sentido, el docente se presenta como un modelo de identificación frente al alumno, aunque aquel no se lo proponga concientemente.
Pero al mismo tiempo que el alumno incorpora rasgos, estilos, actitudes y opiniones del docente, también éste se transforma en una pantalla de las proyecciones de los alumnos y es colocado, o no, como sujeto idealizado. La proyección “en sentido propiamente psicoanalítico, es una operación (psicológica) por medio de la cual el sujeto expulsa de sí y localiza en el otro (persona o cosa) cualidades, sentimientos, deseos, incluso “objetos”, que no reconoce o que rechaza en sí mismo”. Mientras que la idealización “es un proceso psíquico en virtud del cual se llevan a la perfección las cualidades y el valor del objeto. La identificación con el objeto idealizado contribuye a la formación y al enriquecimiento de las instancias llamadas ideales de la persona (Yo ideal, Ideal del yo)”.
En este profundo vínculo psicológico docente-alumno se editan proceso de transferencia de sentimientos recíprocos. Por medio del cual se viven como actuales prototipos de relación pertenecientes a contextos extraeducacionales.
Así como el alumno desplaza sobre el docente afectos sentidos por otras personas de su círculo familiar (transferencia del vínculo parental). El docente puede vivir la relación con el mismo afecto sentido en otro tipo de relación (contratransferencia del vínculo filial). A lo largo de la trayectoria del ejercicio de los roles de docente y de alumno se va dando un complejo e ininterrumpido interjuego de procesos de identificación y proyección con los representantes de dicho roles educativos en la vida real. El producto resultante es la construcción del modelo de rol docente, este es un modelo subjetivo. Es decir, es el conjunto de atributos con los que se ha identificado en los Otros (docentes y alumnos) y expresan de manera singular e idiosincrática la psicobiografía personal: lo que uno no es (carecer), lo que uno debería ser (deber), y lo que uno quisiera ser (desear).
El modelo de rol docente se diferencia conceptualmente del rol docente modelo. Este es un modelo objetivo. Es el resultado de una conducta ejemplar de un docente que se ajusta al perfil de valores, creencias y expectativas vigentes en una sociedad y época determinada. Por lo tanto, es esa comunidad que sanciona a esa conducta como ejemplar. Se trata de un modelo moral pues es esta conducta que tiende hacia el bien común (buen docente). El modelo docente (subjetivo) es una imagen paradigmática, mientras que el docente modelo (objetivo) es un patrón de conducta ejemplar.

Modelo deTransmisión
El ejercicio del rol docente es un acto comunicativo y en este sentido, él se constituye en un modelo de transmisión. El docente es un particular enunciador de mensajes. Él emite mensajes aunque no los tenga planificados. Independientemente de su decisión conciente él es un emisor que transmite mensajes: ideológicos, verbales, paraverbales, axiológicos, conductuales, lógicos, metodológicos, informativos, cognitivos, etc.
Los actos locutorios del docente (el habla) producen efectos de sentido. Sus actos son decodificados por los alumnos tanto en el plano de la expresión (significante) como en el plano del contenido (significado). El locutor (emisor) no es fuente del mensaje, sino receptor de un mensaje cuya fuente está en el Otro.
A partir de los principales emergentes del debate grupal que motiva este artículo, se pueden sintetizar los atributos fundamentales del modelo de transmisión. Estos son condición necesaria y suficiente para la eficacia del ejercicio del rol en el proceso educacional. No son suficientes que se den una, dos o tres de estas condiciones, son necesarias las cuatro, en opinión del autor.
Dichos atributos son factores paradigmáticos, en el sentido de que son constituyentes del modelo, son los componentes estructurales y estructurantes del proceso educativo. Al mismo tiempo son factores epistemológico, vale decir, “ una estructura subyacente y, con ello, inconsciente, que delimita el campo del conocimiento….como una estructura aún “más profunda” y” subyacente” que todas las estructuras…”
El rol docente, según este modelo sintético, es un:
Transmisor del deseo de saber.
Transmisor de valores éticos y actitudinales.
Transmisor del método de conocimiento, y
Transmisor del mapa del conocimiento (red conceptual de su disciplina).
Transmite el deseo de saber, al expresar el placer por el descubrimiento, el respeto por la verdad, la curiosidad por los orígenes, la persistencia en el hallazgo de las evidencias, la preferencia por las preguntas más que por las respuestas, la tranquilidad de encontrar los fundamentos y los conceptos claves de la disciplina.
Transmite valores éticos y actitudinales, al mostrar coherencia entre lo que hace, lo que dice hacer y lo que cree que debe hacer; al asumir posiciones sociales, políticas o éticas ante cuestiones fundamentales de la vida.
Transmite el método de conocimiento, al indicar las huellas, señales, vestigios e indicios que hay que seguir en el camino hacia el conocimiento de la verdad; respetando las evidencias más que las propias suposiciones o hipótesis sostenidas; aceptando únicamente las teorías que han atravesado el método científico.
Transmite el mapa del conocimiento, cuando muestra todas las categorías, conceptos fundamentales y sus nexos lógicos en un conjunto jerárquico e interconectado. Es decir, en Mapas Conceptuales, que tienen por objeto presentar relaciones significativas entre conceptos en forma de proposiciones, donde una proposición que consta de dos o más términos conceptuales unidos por palabras pasa a formar una unidad semántica, gráficamente representada.
La representación visual del árbol del conocimiento de la disciplina que se enseña, constituye una de las claves de la eficacia del aprendizaje significativo.

El docente simbólico, imaginario y real
El proceso de idealización del alumno coloca al docente en el podio de la perfección, en la cima de la excelencia, en la cumbre del saber, en el pináculo de la ejemplaridad, y por lo tanto, en el cenit del poder.
En suma, es la proyección del ideal narcisista del alumno sobre el docente. La relación docente-alumno, es una estructura de una unidad dual: cada uno se completa en el otro. Uno es, se completa (lo que le falta, lo que no tiene), con lo es o tiene el Otro.
El Otro es un semejante a uno (Yo), y el Yo es originariamente un Otro. El lugar de ideal de docente es un lugar imposible pues supone un sujeto completo, perfecto e ilimitado, un modelo omnipotente. Pero esta imagen omnipotente del docente le es “necesaria” psicológicamente al alumno para poder identificarse especularmente con él. Este docente omnipotente constituye el docente imaginario.
El docente real, en cambio, es un sujeto incompleto, imperfecto y limitado; que asume como trabajador, su labor con responsabilidad, profesionalidad y con la vocación de brindar un servicio educativo.
El docente, como todo sujeto, está inserto en un sistema simbólico que es constituyente y lo constituye.
La idea de un orden simbólico que estructura la realidad interhumana ha sido establecida en las ciencias sociales, especialmente por Claude Lévi-Strauss basándose en el modelo de la lingüística estructural surgida de las enseñanzas de Ferdinand de Saussure. La tesis fundamental del lingüista ginebrino es que el significante lingüístico, tomado aisladamente, no tiene un nexo interno con el significado; sólo remite a una significación por el hecho de esta integrado en un sistema significante caracterizado por oposiciones diferenciales.
El orden simbólico, es orden por el carácter ordenador, organizador, articulador, estructurante, fundador, constituyente; y es simbólico, porque la palabra es el significante que remite a un sistema articulado de oposiciones = La lengua.
En este sentido, la palabra del docente es el significante educativo más importante. La palabra del docente es respetada, leída, escrita, escuchada, recordada, publicada, aplicada, repetida. Pero, ¿de donde adquiere la palabra del docente esa potencialidad? De la autoridad que le otorga el sistema educativo y del poder que le atribuye la idealización del alumno. La palabra del docente lo constituye como el docente simbólico.

“Magister” y “Docere”
Para que esta autoridad y poder del docente se transforme en capacidad, habilidad y competencias en el alumno, la palabra del docente debe cumplir algunas condiciones: En la Retórica antigua se considera que el orador al pronunciar su discurso que consta de cuatro partes, atraviesa por un momento de docencia. En la primera parte, tenía que convencer (persuadere) al auditorio; en la segunda, debía instruirlo o demostrar (docere); en la tercera tenía que deleitar (delectare); y en la cuarta, estaba obligado a impresionar (movere).
La historia de la etimología de las palabras nos revela la arqueología de las condensaciones del sentido a través del tiempo.
En la sociedad esclavista griega –origen de la cultura occidental- el maestro, “magister” tenía una doble acepción:
“Maestro, el que enseña”;
y propiamente “jefe, director, jefatura”
El “magister´era el que ocupaba el lugar más alto en la sociedad.
En cambio, el ministro, minister”, deriva del latín: “ministru”, servidor, criado. Es decir, el que en la escala social ocupa el lugar más bajo.
De magíster, se derivan una familia de palabras vinculadas a: maestría, maestrazgo, maestranza; maestre y maese en castellano antiguo; amaestrar; y también magistrado, magistratura, magistral.
Tanto el magistrado como el maestro, representan el nivel más alto en su respectivo estamento.
Esta topología semántica que nos brinda la etimología, expresa la subversión de sentidos que a los largo del tiempo han tenido la valoración social de dichas palabras, y de las posiciones sociales que designan.
Los etimólogos precisan: “La palabra administración se forma del prefijo ad, hacia, y de ministratio. Esta última palabra viene a su vez de minister, vocablo compuesto de minus, comparativo de inferioridad, y del sufijo ter, que sirve como término de comparación. La etimología de minister, es enteramente opuesta a la de magister: de magis, comparativo de superioridad, y de ter. Así magister, indica una función de autoridad, minister expresa precisamente lo contrario; subordinación: el que realiza una función bajo el mando de otro; el que presta un servicio a otro.
Sea como fuere, encontramos otros términos que denotan, la posición en una escala de funciones dentro de una sociedad, un grupo, p.e. magister, minister, formados sobre los adverbios magis “más” y minus “menos”, respectivamente. Magister “jefe”, “maestro”, tiene una acepción religiosa y jurídica en sus comienzos. Sobre él se formó magistratus “magistrado” que refiere en latín a todo cargo público como la persona que lo ocupa. Minister es el “subalterno” del magister”.
“El MaGister, es decir, el jefe, el director está hablando con el MINIster, es decir, etimológicamente, con el servidor, o en el mejor de los casos, el ayudante (la palabra minister se formó precisamente sobre el modelo de magister, para significar lo opuesto).
La primera palabra se asocia con todo lo grande y meritorio, como maestría, y la segunda con todo lo pequeño y humilde, como por ejemplo menesteroso. Por otra parte, digamos que, más allá de la etimología, el ministro no es más que un "secretario" y el maestro, obviamente, es un maestro”.
“Ministerio viene de la palabra latina “minister”, “el más pequeño”, el servidor. Es una palabra opuesta a la de “magister” que significa “el más grande”, el maestro”.
Por otra parte, podemos seguir la etimología de “docere”, docencia. Es interesante señalar que el vocablo Doctor coincide semánticamente con el término Magíster “maestro, el que enseña”. La palabra Doctor, aparece en la lengua Castellana a mediados del siglo XIII y está tomado del latín “doctor”. En cambio Docente, “docens”, su aparición en literatura castellana data de l884. Una de las líneas de la etimología de docencia, la podemos rastrear en “Didaxis que tendría un sentido más activo, y Didáctica sería el nominativo y acusativo plural, neutro, del adjetivo didaktikos, que significa apto para la docencia. En latín ha dado lugar a los verbos docere y discere, enseñar y aprender respectivamente, campo semántico de los cuales pertenecen las familias de palabras tales como: docencia, doctor, docto, doctorando, doctoral, doctorado, doctrina, discente, disciplina, discípulo; y son derivados directos de docere: documento, y dócil (que aprende fácilmente)” .
“La palabra docere deriva a su vez de ducere que significa conducir o guiar", la función de "maestro", además es la de fácere et docere (hacer y enseñar)” , “Vale la pena indicar aquí que el verbo latino docere que traducimos como "enseñar", tiene efectivamente el significado que le es más propio a esta palabra: "señalar hacia (in signare)", es decir "mostrar", "hacer ver", (obsérvese que no es precisamente ésta la forma dominante de la docencia)” , “Docere implica la responsabilidad de compartir el conocimiento y la información. Este principio incluye comunicar los resultados de sus observaciones e investigaciones científicas de sus colegas, a estudiantes, profesionales en entrenamiento y otros profesionales”. “El concepto de enseñar implica también el de mostrar, indicar; y éstos a su vez el de presentar, es decir poner algo en presencia de uno. Cuando ése mostrar se produce a través de otra cosa, estamos ante la representación. O sea que, el documento, como el testimonio o la confesión, es el resultado de la actividad humana; es decir poner algo en presencia de uno, produciéndose lo que podríamos llamar una “representación”, es la imagen de la realidad la que se presenta al intelecto a través de los sentidos y en consecuencia, documento es una cosa que sirve para representar a otra. De éste modo la figura, imagen o idea sustituye la realidad. De la palabra documento, también se distingue la palabra “instrumento” (como algo destinado a instruirnos e informarnos del pasado). En la base de la noción de documento está la idea de docencia, en el de instrumento la de prueba”.

Documento de trabajo:
WALTER ZEA